¡insólito! Paz le da poder y capacidad a Cerimedo para poner a Bolivia en el mundo, pero el argentino lo defraudó

Juan Carlos Marañón Albarracín

El 4 de septiembre, en La Paz, a Rodrigo Paz le preguntaron por el caso Cerimedo. Bajó la vista, torció el rostro con fastidio y respondió corto: “¿Qué puedo decir?”. Siguió de largo. Al día siguiente, en Tarija, tuvo bastante más que decir.

Un periodista le preguntó qué hacía Fernando Cerimedo en las reuniones internacionales de su Gobierno. Al Presidente le molestó la pregunta. Habría preferido el titular para los 3.000 millones de bolivianos que anunció al departamento, no para el consultor argentino detenido. “No estamos entendiendo realmente cuál es el verdadero problema”, reprochó, pero acertó sin querer. El problema no era el que él señalaba.

Entonces explicó y el verdadero problema salió de su propia boca. Habló de “la capacidad que tenía (el asesor) junto a un sistema internacional” y dijo que recurrir a ella “fue una decisión del Gobierno de querer poner a Bolivia en el mundo”. No nombró a Cerimedo. Tampoco dijo “yo tomé la decisión”. La atribuyó a su Gobierno.

Quedó, entonces, la pregunta central. Qué función cumplía el argentino en el Escudo de las Américas, en Miami; en Panamá, durante el Foro Económico Internacional de América Latina y el Caribe de la CAF; y en Chile, durante la posesión del presidente José Antonio Kast, donde coincidió con Paz y el entonces canciller Fernando Aramayo.

El mismo hombre que la versión oficial presenta sin cargo, sin contrato ni sueldo del Estado, y sin autorización para representar al Estado, a la Presidencia o al Gobierno, aparece, en boca del Presidente, dotado de un poder y una capacidad internacional que el Gobierno decidió usar para proyectar al país. Un simple asesor, según la explicación oficial. Una llave para poner a “Bolivia en el mundo”, según Paz.

El profesor

En octubre de 2025, sorprendido en una cena con Cerimedo, Paz lo presentó como el profesor universitario de una de su hija Catalina y calificó de “espionaje” las fotos publicadas. La primera corrección no la firmó él. La puso su ahora exministro de la Presidencia, José Luis Lupo, quien en julio lo llamó “asesor del Presidente” y aclaró que trabajaba con Paz aunque no cobraba del Estado ni tenía oficina.

El 26 de agosto, en un video, Paz subió la apuesta y lo declaró “estratega de reconocimiento mundial”, sin contrato, sin relación laboral y sin autorización para representar a la Presidencia, al Gobierno ni a su familia. De profesor a estratega mundial. El personaje crece, pero la función oficial sigue sin nombre.

En ese mismo video dejó una definición, “no hay asesores principales”, pero le duró poco porque en el allanamiento a la casa del asesor, aparecieron tarjetas que lo presentaban como “asesor principal del presidente del Estado Plurinacional de Bolivia”. El cargo que Paz declaró inexistente ya estaba impreso en esas tarjetas.

El 26 de agosto, Paz sostuvo que Cerimedo nunca representó al Gobierno. El 5 de septiembre, al explicar su presencia en reuniones internacionales, dijo que recurrir a su capacidad había sido una decisión del Gobierno. Si no representaba oficialmente al Estado, falta explicar en qué calidad participó y qué autoridad respaldó esa participación.

La Constitución no prohíbe que un extranjero sin cargo esté en una sala, y estar en la foto no es representar. El artículo 172 pone la política exterior en manos del Presidente, y la Ley 465 regula el Servicio de Relaciones Exteriores y la representación diplomática.

La pregunta, entonces, es de acreditación. En qué calidad participó Cerimedo y qué autoridad respaldó esa participación. Si fue asesoramiento o acompañamiento externo, el Gobierno puede decir qué función tenía y quién lo incorporó. Si representó al Estado, corresponde mostrar el instrumento que lo respaldaba.

El titular que Paz quiere

El resto de la comparecencia siguió el libreto. Todo a la justicia, respuesta “por última vez”, y una lista de 3.000 millones de bolivianos para Tarija, plantas de tratamiento, carreteras, colegios y hospitales. Pero una obra no responde una pregunta de política exterior.

Una carretera no explica qué hacía Cerimedo en Panamá, y un hospital no dice quién decidió usar su “sistema internacional”. La fotografía del anuncio ocupa el cuadro y la pregunta incómoda queda fuera de foco.

Paz añadió que había cumplido “un primer objetivo de cinco meses”, sin decir cuál era ni cómo se medía. El “hemos” remitía a su Gobierno, no a Cerimedo.

Y esta vez sumó un elemento nuevo. Su Gobierno sería víctima de una campaña de desprestigio dentro y fuera del país, una conspiración internacional. Conviene medir el trayecto. Del profesor de su hija a la conspiración mundial en cuestión de semanas.

La versión menor tampoco se sostiene dentro de su propio Gobierno. El vicepresidente Edman Lara llamó a Cerimedo “asesor personal” de Paz y le pidió, en público, que no lo encubra. Beller, sobreviviente del ataque y expareja del consultor, lo describió como una especie de presidente en la sombra.

El propio Cerimedo, desde la cárcel, admitió que Paz era su principal contacto. Y el 8 de septiembre, durante su traslado de Santa Cruz a La Paz para ser recluido en Chonchocoro, pidió perdón a Paz por no haberle hecho caso respecto de Beller.

“Que me perdone por no haberle hecho caso y meterme con esa loca”, dijo. El episodio le pone un antecedente concreto a la palabra que el Presidente usaría al día siguiente.

La confianza

El 9 de septiembre, cuatro días después de Tarija, se sumó a esa lista el propio Paz. Consultado de nuevo, pidió al Ministerio Público investigar a fondo y admitió algo que en semanas había evitado. “Habiendo depositado confianza en ese caballero, esa confianza no se haya retribuido en el sentido correcto”, se lamentó.

El consultor de campaña sin función pasó, en pocos días, a ser descrito por el Presidente como un hombre en quien había depositado confianza y cuya conducta, según sus palabras, no correspondió a esa confianza. Le preguntaron a quiénes debía apuntar la Fiscalía y no dio ningún nombre. Respondió que eso es cosa del Ministerio Público y que lo importante es la verdad.

Nada de esto adelanta la culpabilidad de Cerimedo, que está detenido e investigado y cuya responsabilidad penal corresponde determinar a la justicia, pero a Paz no le preguntaron por un delito. Le preguntaron por una función, y contestó con un juzgado.

La respuesta pendiente es simple y no la dicta un tribunal. ¿En calidad de qué participó Cerimedo y quién decidió incorporarlo?

Cerimedo, según la versión oficial, es un simple asesor. Con dimensiones de Cancillería, según el poder y la capacidad que el propio Paz terminó atribuyéndole.

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