La reforma constitucional ansiada

Arturo D. Villanueva Imaña

El país se encuentra en un trance crítico muy grave, puesto que frente al cada vez más insostenible y crítico estado de la economía que se traduce en un encarecimiento muy elevado de precios, el cierre y quiebra de empresas, el despido de empleados, la pérdida del valor adquisitivo de la moneda nacional, y por tanto, un empobrecimiento acelerado de una gran mayoría que se ve forzada a extremar medidas solamente para tratar de subsistir y cubrir cada vez más precariamente sus necesidades de alimentación; sucede que el gobierno y las élites encaramadas en el poder Legislativo, continúan contribuyendo al agravamiento de tal situación, mientras discuten y urden cuál es la mejor manera de aprobar y asestar el golpe de medidas que se requieren para detener y corregir la profunda crisis que atravesamos.

En los más de 10 meses largos que han pasado en un tira y afloja desesperante, pero que hasta ahora no ha terminado de traducirse en absolutamente nada bueno para el país, sino todo lo contrario; lo que SI es posible establecer, es que han descubierto que no basta con conseguir préstamos atrayendo miles de millones de endeudamiento para estabilizar la economía y la situación tan crítica, pero que no pagarán ellos. La apuesta ha subido de escalón y es mucho más peligrosa y preocupante. Veamos.

El desafío y gran preocupación que ha tomado cuerpo (pero que al mismo tiempo es su más preciado sueño), NO ES resolver la profunda crisis que nos agobia, estabilizar la economía y restituir las capacidades productivas que permitan recuperar y mejorar las condiciones de vida de la población. Su primordial y más importante interés, está orientado a que tales medidas NO dañen en absoluto sus actuales niveles de acumulación y enriquecimiento, ni mucho menos el modelo salvajemente extractivista que lo permite; sino que además, vía reforma constitucional, se permita romper candados y abrir la economía y el acceso a los recursos naturales y el patrimonio nacional, de modo que el saqueo, la pignoración y el asalto sean totalmente entregadas a la voracidad corporativa internacional y la suya propia.

Es decir, que de lo que se trata es de transferir el sacrificio y enorme costo de las medidas, a las espaldas y el esfuerzo de la mayoría nacional pobre, mientras las élites y los sectores dominantes parasitarios se aseguran de vivir y enriquecerse a ese costo.

Por eso insisten en que no son suficientes leyes, sino que lo que importa es reformar la Constitución.
El razonamiento se justifica y aparece “razonable”, porque se dice que “hay que cambiar el modelo”, y que “se necesita un cambio estructural” que deje atrás el antiguo Estado y se imponga uno liberal, aprovechando el total y justo descrédito y rechazo nacional al régimen del MAS que evidentemente dilapidó y despilfarró ingentes y millonarios ingresos y recursos que, junto a la oportunidad perdida y traicionada, pudieron haber logrado un país con bienestar y progreso; pero en cambio lo dejó en el estado tan desastroso que sufrimos ahora.

El problema que no parece comprenderse hasta ahora, es que si bien el país efectivamente necesita un cambio estructural; éste NO consiste en pasar del estatismo al liberalismo, sino deshacerse y cambiar el modelo salvajemente extractivista y depredador que el liberalismo (ese mismo que impulsa, defiende y promueve el actual gobierno, las élites ecocidas del agronegocio instaladas en el poder legislativo y los intereses corporativos mafiosos instalados detrás del llamado escudo de las américas que Trump busca imponer para saciar su codicia y afán de despojo), y que no solo pretende ser reproducido, sino también ampliado y profundizado al extremo del desastre y la destrucción.

Aprovechando el profundo y generalizado estado de desesperación y el total rechazo (miedo también), que provocan tanto la crisis como el fantasma del retorno del masismo, que predispone a la gente hasta el sacrificio con tal de que no se extienda ni se repitan (motivo por el cual inclusive se ha preferido aguantar más de 50 días de bloqueo y paralización); sucede que el gobierno (conjuntamente la partidocracia liberal y antinacional instalada en el poder legislativo), se están dando a la tarea de confeccionar aquel “cambio estructural” conveniente a sus mezquinos intereses , con la descarada desvergüenza de mostrarla como si fuese la única vía de “salvación de la patria”.
Confían en que el pueblo y el país, tan agobiados como estamos, finalmente terminaremos sometidos por desesperación a cargar un sacrificio que para ellos será ganancia y mayor enriquecimiento.

De hecho ya han logrado que el país y la gran mayoría popular cada vez más empobrecida, no sólo aguante el durísimo encarecimiento de la gasolina y los carburantes, así como la flotación del dólar en el mercado que han provocado un brutal encarecimiento de precios, productos, alimentos y servicios; sino que inclusive ha tenido que soportar más de 50 días de bloqueo que dejó completamente exhausto al país. Mientras tanto, con dichos “ajustes”, esa élite parasitaria (principalmente del agronegocio), continuaba presionando y logrando nuevas medidas para favorecerles y darles un trato preferencial que, con el encarecimiento de los precios y la flotación del dólar, lograron garantizar sus pingues ganancias y elevar el costo de vida por los cielos, mientras el pueblo se debate comprando cada día más caro y con una moneda sin valor.

Como si semejante situación de sacrificio no fuese suficiente, la codicia empresarial y el propio gobierno dicen que todavía falta reformar la Constitución para supuestamente garantizar “seguridad jurídica”, “atraer inversiones” y principalmente garantizar el acceso a tribunales internacionales sobre controversias de inversión y comercio.
La trampa en este caso consiste en mostrar la supuesta imprescindible necesidad de reformar la Constitución, de modo que finalmente se logre atraer inversión extranjera para que invierta, dinamice la economía, cree empleo y produzca riqueza en Bolivia, como si esta situación no fuese posible en las actuales condiciones.

Se olvida intencional y maliciosamente que la actual Constitución, e inclusive después de la nacionalización de los hidrocarburos que se decretó, no solo NO existió ningún abandono ni salida de NINGUNA de las empresas internacionales que ya se encontraban explotando y produciendo en el país, sino que a pesar de la supuesta relación desfavorable que les obligó a dejar en el país un mayor porcentaje de ingresos millonarios por impuestos y regalías que el régimen del MAS dilapidó por mas de 20 años; resulta que esas mismas empresas no solo continuaron trabajando, sino que también obtuvieron sus ganancias (que aunque eventualmente no eran de su completa satisfacción y angurria), en cambio si explotaron hasta casi el límite de agotamiento las reservas disponibles encontradas durante todo el largo periodo de explotación. Es más, continúan trabajando en el país, lo mismo que ocurre con la minería, como es el caso de San Cristobal en Potosí y otras, que también explotan nuestros recursos. Es decir, se trata de un antecedente histórico y un gran mentiz que contradice y demuestra en forma totalmente inapelable, esa falsa idea y total mentira de que “ninguna empresa estará dispuesta ni vendrá al país”, porque supuestamente la Constitución vigente es una traba que lo impide y que no existirían las condiciones legales y de seguridad jurídica para invertir y trabajar en nuestro país. Totalmente falso.

Sin embargo, lo que NO se dice de esta “liberalización amplia del mercado” es que tal situación generalmente supone la enajenación y despojo de los recursos naturales y el patrimonio nacional, la pérdida de soberanía nacional y la injerencia en asuntos estratégicos del país; así como y principalmente, la exacerbación del extractivismo salvaje que contrae ecocidio y destrucción de la Vida y la naturaleza, con el añadido de que el país quedaría completamente inerme e indefenso al someterse a tribunales internacionales generalmente parcializados con los intereses corporativos, al deshacerse de legítimas previsiones constitucionales que faciliten el despojo, e inclusive el pago por utilidades expectaticias y a futuro que pudiesen reclamarse injusta y abusivamente.

En pocas palabras, sería como convertir a Bolivia en una especie de tierra abandonada, sin dueño ni defensor, dispuesta para cualquier pirata explotador.

Pero lo peor de este asunto de poner en subasta al país, no tiene únicamente el riesgo de convertirla en una tierra de nadie (o de todos) donde cualquiera pudiese meter las manos; sino que paralelamente oculta, socapa y encubre la total falta de responsabilidad, patriotismo y elemental solidaridad del empresariado y las élites dominantes con su país y su patria. Tanto es así, puesto que las liberan de contribuir con su esfuerzo, capacidad y medios, de tal manera que aporten también con sus impuestos y el retorno de la enorme riqueza que prefieren dejar afuera, en paraísos fiscales, en vez de retornar y reinvertirla en la economía nacional, contribuyendo de esta manera a que todos en el país podamos salir y superar la crisis, pero además fortalecer la producción y la industria nacional.
Sin necesidad de exponer al país al saqueo y el despojo, bastaría con tomar decisiones de regulación interna nacional, para que no solo se mejoren y cualifiquen las condiciones de producción, autoabastecimiento, generación de empleos, soberanía y seguridad alimentaria; sino que inclusive lo hagan en un marco de armonía con la naturaleza, que deje atrás el verdadero problema del extractivismo salvaje que tiene el país.

La reforma constitucional no sólo NO ES la solución al problema, sino que podría contraer precisamente el agravamiento y empeoramiento de la vida, el futuro y el destino del país. Es, en fin, la vil coartada y la falsa tarea de supuesta “salvación” nacional que vuelve a proponer esa misma élite antinacional, excluyente, racista y discriminadora que cree que el futuro del país no es para el bienestar, el reencuentro y la interculturalidad entre todos los bolivianos, sino solo privilegio predestinado para unos pocos.

Por eso prefieren y han decidido sostener un gobierno corrupto, desorientado, sin rumbo, ni ningún plan; puesto que están conscientes que ante la ausencia completa de una candidatura de recambio y la completa dispersión y fraccionamiento del voto (inclusive en sus propias bancadas y partidos), podrían perder la soga y el cabro; es decir, la oportunidad y el poder al mismo tiempo.

El fantasma del masismo los acoquina y provoca pesadillas, pero olvidan que es el pueblo, pobre y mayoritario; NO un zombi cadavérico (prófugo y autoconfinado en el Chapare) que ellos mismos se encargan de reanimar y dar ínfulas, que será finalmente quién decida democrática y pacíficamente en las urnas, salvo claro, que ellos mismos precipiten otro rumbo.

(*) Sociólogo, boliviano; Cochabamba, Septiembre de 2026

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