Paz pide disculpas sin admitir un solo error y culpa al pasado de la crisis
Rodrigo Paz pidió disculpas condicionales, a nombre de su gobierno, pero no identificó un solo error. Atribuyó la crisis a la herencia recibida del MAS y defendió sus primeros nueve meses de gestión como el inicio de una transformación del Estado que, según afirmó, todavía requiere tiempo para consolidarse.
La frase más llamativa del discurso fue también la más ambigua: “Nos podemos tropezar, nos podemos equivocar, y si lo hemos hecho, pido disculpas como presidente a nombre del Gobierno”.
El verbo clave es el condicional. Paz no reconoció un error concreto, reconoció únicamente la posibilidad de haberlo cometido. Tampoco explicó qué decisión motivaba ese pedido de disculpas. La única referencia específica a su gestión fue distinta, sostuvo que algunas medidas fueron “impopulares, pero necesarias”, es decir, las defendió como decisiones correctas pese a su costo político. La disculpa quedó sin un objeto definido.
Cuando el Presidente pasó de los principios a los problemas concretos, la responsabilidad volvió al pasado. En materia de combustibles recordó la intervención de YPFB por las irregularidades en la provisión y anunció una futura intervención en la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) para desarticular redes de corrupción.
Sobre la corrupción anunció el Alto Comisionado para la Integridad Institucional y la Justicia. En ambos casos el Gobierno aparece como quien enfrenta problemas heredados, no como quien asume responsabilidad por ellos.
La misma lógica se observa cuando habla de las promesas. Paz cuestionó a quienes “solo les mentían” y preguntó “¿dónde está lo que nos prometieron?”, dirigiendo el reproche a las administraciones anteriores.
Sin embargo, el discurso no sometió a ese mismo criterio los compromisos de su propia gestión. Dos de las principales promesas de campaña, el cierre de la Aduana Nacional y la Agenda 50/50, permiten hoy contextualizar esa exigencia. La Aduana continúa funcionando y el acuerdo con los gobernadores fue firmado recién nueve meses después del inicio del mandato.
A partir de esa explicación del pasado, Paz construyó la parte programática de su mensaje. El eje fue el 50/50, que definió como «el inicio del cierre del Estado centralista». No presentó ese acuerdo únicamente como una redistribución de recursos, sino como el comienzo de una reforma estructural del Estado.
Esa idea se complementó con otra frase de fuerte contenido político: «Ya no hay jefazo, ahora no hay líderes únicos, ahora están las instituciones». El presidente intentó mostrar que su proyecto ya no gira alrededor de un liderazgo personal, sino de un nuevo equilibrio entre el Gobierno central, las gobernaciones y los municipios.
Ese proyecto de transformación también incluyó anuncios orientados a modernizar el Estado. Confirmó la expansión de la conectividad mediante Starlink hacia las escuelas rurales, anunció nuevas medidas económicas que serán socializadas con la Asamblea Legislativa, defendió las intervenciones en empresas públicas y presentó el fortalecimiento institucional como la base de una nueva etapa de gobierno.
La mayor parte de esas iniciativas, sin embargo, pertenece todavía al terreno de los anuncios y su impacto deberá medirse en los próximos meses.
Los resultados concretos que el Presidente exhibió se concentraron principalmente en seguridad. Destacó la expulsión de 17 jefes de organizaciones criminales, recordó los casos vinculados al hijo de Joaquín «El Chapo» Guzmán y a Sebastián Marset y presentó esas acciones como evidencia de una política más firme contra el narcotráfico.
En cambio, cuando habló de recuperación económica mencionó señales positivas y el superávit de exportaciones, pero sin incorporar otros indicadores que permitieran evaluar el alcance de esa recuperación.
La coyuntura también tuvo espacio en el mensaje. Tras el incendio de la feria Barrio Lindo, Paz expresó solidaridad con los comerciantes, recordó su vínculo personal con ese centro de abastecimiento e instruyó al Ministerio de Defensa brindar apoyo inmediato.
Fue el único momento en que el discurso dejó el plano de las reformas para responder a una emergencia del día.
Nueve meses después de asumir la Presidencia, Rodrigo Paz presentó un discurso que combinó una disculpa sin un error identificado, una defensa de las reformas emprendidas y una explicación de la crisis apoyada en la herencia recibida.
Más que hacer un balance de resultados, pidió que su gobierno sea evaluado por la dirección que asegura haber tomado. La fortaleza de ese relato dependerá, con el paso del tiempo, de que las reformas anunciadas, el nuevo modelo institucional y las promesas formuladas encuentren un respaldo creciente en resultados verificables.