Endeudamiento externo como tabla mágica de salvación
Frente al creciente y cada vez más desesperado estado de angustia en el que se encuentra la mayoría del país, alivio (aunque temporal y probablemente efímero) ha sido la reacción con la que se ha recibido la noticia del acuerdo con el FMI por 1.900 millones de dólares.
La situación cotidianamente cada vez más angustiante, se origina en el alza imparable del dólar que se produce todos los días, desde que el gobierno (imponiendo su medida por encima y a pesar del Banco Central de Bolivia y su supuesta independencia y atribuciones), tomó la decisión de liberar el tipo de cambio fijo que había prevalecido por muchos años. Y lo hizo aun a pesar de no contar con el respaldo y disponibilidad de las reservas necesarias que permitan solventar la decisión, pero especialmente la demanda del mercado. El país se encontraba en ascuas.
Sin embargo, no se puede decir que todo el país sintió el mismo tipo de alivio, si es que nos atenemos y tal como se puede establecer de la reacción pública que se ha exteriorizado y conocido públicamente por los medios de información.
En el caso de los sectores empresariales, sus instituciones, e inclusive autoridades subnacionales, representantes políticos y parlamentarios afines a estas élites (neo)liberales y empresariales del agronegocio; la reacción se ha traducido como regocijo entusiasta, distante del sentimiento de callada cautela de la mayoría de la población, especialmente la más pobre.
Evidentemente estas diferencias son comprensibles y naturales dada la diversidad de factores que interactúan para provocarlas; sin embargo, quisiera llamar la atención a un aspecto que me parece muy importante para descifrar ese significado. Sucede que ello expresa que en la vida existen decisiones que valen e importan mucho más que un mensaje; y en este caso, decisión y mensaje se funden en una sola y misma acepción, que da cuenta clara del propósito y orientación que tiene el acuerdo con el FMI.
El indisimulado regocijo expresado por dichas élites, debe entenderse porque la decisión de priorizar un acuerdo con el FMI, significa sencillamente que ellos NO formarán parte y han sido excluidos del “sacrificio” que SI se exigirá e impondrá a la mayoría de la población (especialmente la más pobre), que tendrá que pagar con su esfuerzo y trabajo, esa tremenda carga de nuevas obligaciones, que se suma al ya por demás duro esfuerzo por conseguir el sustento diario.
Dicha algarabía es aun más indignante y vil, puesto que al margen de que ese nuevo crédito implícita (pero efectivamente) los libera y margina de la responsabilidad que deberíamos compartir todos para sacar adelante y superar la profunda crisis que afecta a la economía nacional y al propio país, con base en el trabajo y la producción conjunta; resulta que ni siquiera la ocultan, sino que estallan de felicidad y entusiasmo desbordado, al destacar y subrayar que tal acuerdo “abrirá las puertas de par en par a todos los otros organismos internacionales de crédito para adquirir mayores préstamos” que podrían inundar el país de los dólares que se necesitan, pero que invariablemente terminarán hundiéndonos en deudas… hasta enajenar nuestra alma y destino.
Total, es la manera cómo las élites cipayas entienden y quieren repetir ese espantoso ciclo por el cual circunstancial y brevemente (créditos de por medio) se recupera el aliento por un muy corto periodo de estabilidad ficticia e ilusoria, pero que termina devolviéndonos siempre al estado de miseria, desigualdad aguda y despojo endémico que nos caracteriza, mientras ellos continúan acumulando y concentrando riqueza en pocas manos.
Como la situación que todos vivimos es tan agobiante y desesperante; la noticia del acuerdo aparece como esa tabla de salvación mágica que podría traer los dólares que se necesitan.
Pero una cosa es que los dólares falten coyunturalmente por las circunstancias de la declinación de la producción y la venta de hidrocarburos que era la principal fuente de ingresos para el país; y otra cosa muy diferente es que NO existan ni se produzcan por el aparato productivo nacional, tal como se pretende hacer creer acudiendo únicamente a su falta de disponibilidad en el mercado. Es decir, se construye un libreto como si ese fuese el único criterio que por ejemplo no toma en cuenta los miles de millones de dólares que se producen e incrementan por la exportación de oro y toda la cadena de productos del agronegocio (incluidas maderas, carne, soya, azúcar, etc.), y que NO retornan y/o se quedan en paraísos fiscales del exterior, sin aportar y mucho menos contribuir a la economía nacional (si es que no forman parte de circuitos mafiosos y cosas peores). En otras palabras, dólares y divisas HAY y podrían reponerse fácilmente para recuperar la economía nacional; pero claro, parece evidente que se prefiere pasar las deudas a otros, siempre los más vulnerables y desposeídos.
En vista de todo ello, la pregunta entonces es: por qué se prefiere adoptar decisiones parcializadas que en vez de actuar equitativamente y preocuparse verdaderamente por delinear un futuro de sostenibilidad y equilibrio económico y social para todos; y en cambio se elije ahondar y promover semejante situación de privilegio preferencial que claramente NO resolverá el problema de fondo, para reproducir ese ciclo perverso que recurrentemente en la historia ha favorecido a unos pocos para ahondar desigualdades, miseria y despojo(??). Es más, es esta la manera de hacer “Patria” con la que tanto se llena la boca este gobierno?.
Así, resulta que la decisión y el mensaje (del acuerdo con el FMI), contienen y vienen a constituir mucho más que la sola adopción de una medida económica, cuyo tono NO ES propia ni precisamente esperanzador, sino que entraña una voluntad y una orientación política (claramente preferencial y parcializada) sobre lo que perfila para el futuro del país y la Patria de la que tanto se habla.
(*) Sociólogo, boliviano. Cochabamba, Julio de 2026