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Desbloqueo por abandono o el triunfo de una autoderrota que desgarra el país

Arturo D. Villanueva Imaña

Cuántas veces hemos sido testigos, e inclusive víctimas de propias o ajenas terquedades que nos hicieron desoír y hasta desafiar consejos que siempre terminaron como lecciones (y consecuencias) que muy bien pudieron haberse evitado sólo con atender una elemental precaución preventiva (¿!).

Me refiero (metafóricamente), por ejemplo a esa conseja tan típica y reiterativa que todos hemos oído o experimentado alguna vez: “no juegues con fuego que te puedes quemar”.

Y esto es precisamente lo que nos sucede con los bloqueos que todavía nos mantienen secuestrados y víctimas de una violencia inusitada y efectivamente auto destructiva, que no tiene ya nada que ver con ningún derecho, reivindicación, causa o demanda legítima (y peor aún) por el bien común.

El asunto empeora, porque así como al principio de las movilizaciones existían sectores sociales y motivos legítimos que justificaban su protesta; muy pronto las mismas fueron sustituidas por exigencias y actos ilegales, sediciosos y hasta de lesa humanidad.

El problema radica en que a este momento del conflicto provocado, también se entrecruzan voces y exigencias para que el gobierno decrete un “estado de excepción” que ponga punto final al desesperante bloqueo y se logre la normalización de las actividades en el país. Sin embargo, tal exigencia si bien puede ser justificable en vista de los enormes daños, e inclusive la muerte provocada de varias personas como consecuencia de la intransigencia impuesta; lo cierto es que también existen sectores (como por ejemplo del Comité Cívico Pro Santa Cruz y las bandas de la Juventud Cruceñista que inclusive ya lograron formar parte y actuar como fuerzas paramilitares junto al ejército y la policía en el operativo de desbloqueo que el gobierno decidió ejecutar en San Julián); mismos que inocultablemente están decididos a utilizar dicho recurso constitucional del “estado de excepción”, como coartada e instrumento para reprimir, enfrentar violentamente y provocar muertes de lo que entienden y generalizan como “salvajes”, “bárbaros”, “subversivos” y cosas peores. Es decir, que no tienen ninguna otra causa que no sea un racismo exacerbado y un odio visceral a todos aquellos sectores movilizados que los entienden como enemigos a aniquilar.

La inacción del gobierno en este contexto la entienden por tanto, no sólo como parte de su debilidad, sino como expresión de negligencia, inoperancia e incapacidad.

Lo cierto es que de haberse impuesto tal “estado de excepción”; en este momento previsiblemente estaríamos lamentando y sufriendo el dolor de sangre nacional derramada, y probablemente la agudización del conflicto, en vista de la reacción vengativa provocada por las muertes.

Por eso (volviendo al actual estado de inercia del conflicto y los bloqueos), muchas veces como en esta ocasión, las soluciones o salidas a los conflictos vienen por la vía del desgarramiento nacional y emocional que costará mucho (especialmente por el gran esfuerzo que reclamará), para reparar y (ojalá) curar las heridas y daños provocados.

No se trata de ningún empate (aunque si tiene mucho de catastrófico), porque de haber sido así, se habría tratado de 2 fuerzas en disputa por alguna hegemonía, protagonismo, visión o proyecto, que nunca terminó de manifestarse.
Lo que sucede, es más bien la expresión de una excesiva fragmentación polarizada sin dirimidor ni alternativa, que lo único que ha hecho patente (muy a pesar de las intenciones y aspiraciones que el gobierno y los diferentes sectores pudieran tener), es que no existe un claro y predominante enfoque acerca de lo que se entiende y espera del periodo de transición que la recomposición política mayoritaria de la partidocracia tradicional que se impuso en las elecciones nacionales, pensó que debería ser de corte (neo)liberal.

La realidad y los hechos (tanto o más tercos que los bloqueadores), se empeñan en (de)mostrar que no existe el liderazgo necesario, tampoco un proyecto nacional hegemónico y que, como si fuera poco, ni siquiera es suficiente que el país logre enfrentar y resolver únicamente la crisis económica (ahora más compleja y aguda), y alcanzar la estabilidad tan esperada; sino que el ensayo (liberal) que se había tratado de emprender e imponer al país, tampoco incorpora(ba) ni incluye a los sectores populares que se han expresado (y hecho sentir), como se expresaron.

Y en este caso sí, mientras más se tarde en comprender y asumir el desafío y esta impronta legada, tanto mayor se puede esperar que dure el sacrifico y el costo para salir adelante.

(*) Sociólogo, boliviano. Cochabamba, Bolivia. Junio de 2026

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