El voto viciado busca expresar la posición de ex-ministros de PPK quienes quisieran volver a un gobierno derechista no fujimorista.
Perú: Votar nulo o en blanco es dar a Keiko un cheque en blanco.
El actual balotaje peruano es único. Es el primero a escala mundial en el que los dos finalistas han obtenido menos votos que la suma de los votos nulos y blancos. Nunca antes se había dado un primer puesto con el 14 % de los votos emitidos y un segundo puesto con apenas el 10 %. La suma de ambos ni siquiera alcanza la cuarta parte de los votos emitidos. También es probablemente la primera vez que la suma del capital electoral de todos los candidatos derrotados en la primera vuelta que ahora llaman a votar por nadie bordea la quinta parte de los votos emitidos en esa ronda.
Si sumamos el 17 % de votos nulos y blancos de la primera vuelta con el 19,5 % obtenido por los cinco candidatos eliminados que hoy piden no votar por ninguno de los finalistas, tenemos que potencialmente más del 35 % de los electores podría dejar su voto en blanco o viciarlo. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este es un razonamiento puramente matemático. En la segunda vuelta las candidaturas se han reducido de 36 a solo dos opciones, la cédula electoral se ha simplificado y la polarización continúa avanzando
El voto por nadie puede constituir una forma legítima de protesta cuando las dos alternativas en disputa son consideradas igualmente perjudiciales. Pero, si ese no es el caso, puede terminar favoreciendo al adversario más fuerte, al dividir a sus rivales y facilitar su victoria. Los votos nulos y blancos ayudaron a que Fujimori impusiese su actual carta magna en 1993.
Un caso concreto es el del referéndum constitucional de 1993. Si hoy el Perú tiene una Constitución tan cuestionada y asociada a una dictadura, ello se debe, en parte, al elevado ausentismo y a la gran cantidad de votos nulos y blancos registrados en aquel plebiscito. El “Sí” obtuvo apenas el 47,63 % de los votos emitidos y el 33,52 % del padrón electoral. Lo que permitió la aprobación de la Constitución fue que casi el 30 % de los ciudadanos inscritos no acudiera a votar y que cerca del 9 % de los votos emitidos fueran blancos o nulos.
Hasta hoy el Perú sigue pagando las consecuencias de aquella situación. Se mantiene una carta magna que es cuestionada por amplios sectores de la población, que no ha podido ser reemplazada y que, además, ha sido modificada en numerosas ocasiones desde el Congreso.
En la jerga peruana, la palabra “naranja” también significa “por nadie”. En aquel caso, el voto por nadie terminó ayudando al naranja, el color identificado con el fujimorismo.
Kuarta de Keiko
Keiko Fujimori sabe que nunca ha alcanzado ni probablemente alcanzará por sí sola el 50 % de los votos emitidos. Obtuvo alrededor del 45 % de los votos emitidos en la segunda vuelta de 2011 y cerca del 40 % en las segundas vueltas de 2016 y 2021. En su cuarto intento posiblemente saque un menor porcentaje.
Si hace cinco años la inmensa mayoría de los partidos con representación parlamentaria se unió para llamar a votar por el fujimorismo frente al supuesto peligro del “comunismo”, esta vez no se observa el mismo fenómeno. Keiko ya no puede apelar con la misma eficacia al miedo al comunismo o a Venezuela.
Por otro lado, el fujimorismo ha cogobernado el Congreso junto con el cerronismo —que se reivindica como castrista, chavista y leninista— durante los últimos años. Roberto Sánchez, por su parte, se define como socialcristiano y fue uno de los impulsores del Partido Humanista, organización que posteriormente dio origen a Juntos por el Perú.
El humanismo político apoyó en su momento que Yehude Simon fuera presidente del Consejo de Ministros de Alan García y luego participó en la Alianza por el Gran Cambio, cuya fórmula presidencial estuvo encabezada por Pedro Pablo Kuczynski, acompañado por Máximo San Román y Marisol Pérez Tello.
Posteriormente, ese espacio político evolucionó hacia Juntos por el Perú, organización que llevó a la ex-ollantista Verónika Mendoza como candidata presidencial en 2021 y respaldó al belaundista Gonzalo Alegría como candidato a la Alcaldía de Lima en 2022.
Sánchez fue el único ministro de Pedro Castillo que permaneció durante todo ese gobierno, pese a las críticas constantes del cerronismo, que lo calificaba de socialdemócrata y “caviar” y buscaba desplazarlo.
Para las elecciones de 2026, Sánchez construyó una alianza amplia que incorporó sectores diversos (des el antaurismo al castillismo). Sin embargo, en la campaña de segunda vuelta ha conformado un equipo técnico que se compromete públicamente a mantener la estabilidad macroeconómica, preservar a Julio Velarde como cabeza del Banco Central de Reserva, no nacionalizar empresas y continuar con los lineamientos generales del actual modelo económico.
Con Sánchez está ocurriendo algo similar a lo que sucedió con Ollanta Humala en 2011. Entonces, Humala tuvo que moderar su proyecto inicial de la “Gran Transformación” para obtener el respaldo de Mario Vargas Llosa y ampliar su base electoral frente al fujimorismo. Hoy, diversas figuras de la centroderecha y de la derecha moderada consideran que Roberto Sánchez atraviesa un proceso semejante. Entre ellas se encuentran Ricardo Belmont, exalcalde de Lima, así como los anteriores dirigentes acciopopulistas Yohny Lescano y Mesías Guevara.
Ex-ministros de PPK por el voto nulo
Los únicos dos candidatos derrotados en la primera vuelta que han llamado abiertamente a viciar el voto son Marisol Pérez Tello y Jorge Nieto Montesinos. Ambos buscan presentarse como referentes de un espacio de centro. Los dos fueron ministros durante el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski: ella en Justicia y él en Cultura y posteriormente en Defensa.
Tanto Pérez Tello como Nieto Montesinos saben que Sánchez formó parte de la Alianza por el Gran Cambio en 2011 y que se trata de una figura política pragmática. Sin embargo, ambos parecen apostar por capitalizar un espacio político potencialmente atractivo: el de quienes no se sienten representados por ninguna de las dos alternativas que han llegado al balotaje.
Al promover el voto nulo o viciado intentan construir una suerte de “tercer camino”, con la expectativa de convertirse en los representantes de un amplio sector de ciudadanos desencantados con ambas candidaturas.
En el caso de Pérez Tello aparecen algunas contradicciones. Ella sostiene que el principal adversario es el fujimorismo, pero se niega a respaldar críticamente a Sánchez. Al mismo tiempo, su partido Primero La Gente (el cual fue creado con varias figuras y grupos de izquierda y castillistas) se ha incorporado formalmente al equipo técnico de Juntos por el Perú. Entre quienes participan de ese espacio figura Jean Paul Benavente García, excandidato al Senado por Primero la Gente y exgobernador regional del Cusco por Acción Popular.
Benavente ha declarado recientemente que la propuesta de una asamblea constituyente ya no ocupa un lugar prioritario dentro de Juntos por el Perú y que, según el propio Roberto Sánchez, no existen condiciones inmediatas para impulsar ni una nueva Constitución ni el retorno a la Carta Magna de 1979.
Más llamativa resulta, a mi juicio, la posición de Jorge Nieto Montesinos. Se trata del candidato más votado entre quienes llaman expresamente a viciar el voto. Alcanzó alrededor de 1,8 millones de votos, equivalentes al 9,2 % de los votos emitidos.
Su razonamiento parte de considerar que ambas opciones son igualmente negativas porque, según afirma, contribuyen a polarizar la política y terminan subordinando las instituciones a intereses particulares. En esa lógica coloca en un mismo plano a Keiko Fujimori y a Roberto Sánchez. Además, sostiene que uno de los principales problemas de este último es contar entre sus simpatizantes con sectores vinculados al etnocacerismo y con personas procedentes del entorno del MOVADEF, entidad impulsada por senderistas que desde hace un tercio de siglo han renunciado a la “lucha armada”.
Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre el historial político del fujimorismo y el de Sánchez. Alberto Fujimori protagonizó el autogolpe del 5 de abril de 1992, cerró el Congreso e intervino el Poder Judicial mediante la acción de las Fuerzas Armadas. Su gobierno estuvo marcado por graves cuestionamientos en materia de corrupción y derechos humanos, además de una fuerte concentración de poder político.
A lo largo de las últimas décadas, Keiko Fujimori ha heredado gran parte de ese capital político. Sus críticos consideran que el fujimorismo ha tenido una influencia determinante en la inestabilidad institucional que ha caracterizado al Perú durante los últimos años.
Desde esta perspectiva, una eventual victoria de Keiko Fujimori implicaría una concentración de poder particularmente elevada, dada la influencia que su fuerza política ya posee en diversos ámbitos del Estado. Quienes sostienen esta tesis consideran que ese escenario podría profundizar los problemas institucionales existentes.
Por otro lado, Sánchez nunca ha promovido un golpe parlamentario ni ha respaldado abiertamente la interrupción del orden constitucional. De hecho, fue criticado por sectores del castillismo más radical por su posición abstencionista durante la crisis política del 7 de diciembre de 2022. Asimismo, en distintas votaciones parlamentarias se ha opuesto a iniciativas funcionales al fortalecimiento del autoritarismo y en defensa de las víctimas de las matanzas que hizo Dina Boluarte en alianza con el fujimorismo a poco de haber llegado a palacio.
Pérez Tello y Nieto Montesinos pueden discrepar de algunas de las propuestas económicas planteadas inicialmente por Sánchez. Sin embargo, algunos centristas argumentan que cualquier gobierno de JP estaría limitado por la correlación de fuerzas existente en el Congreso y por la ausencia de control sobre los principales aparatos del Estado. Desde esa óptica, lo consideran una opción más moderable y menos concentradora de poder.
Tanto Pérez Tello como Nieto suelen identificarse con tradiciones políticas cercanas al centro liberal europeo. Sin embargo, en buena parte de Europa los partidos liberales, socialdemócratas, democristianos e incluso conservadores moderados han optado por establecer alianzas tácticas con la izquierda democrática para impedir el avance de la extrema derecha. En el Perú ocurre algo distinto ya que es la derecha más dura la que intenta atraer al centro para aislar a las izquierdas moderadas.
Centristas que defienden el respaldo crítico a Sánchez consideran que una lógica similar debería aplicarse en el Perú. Argumentan que, así como Vargas Llosa respaldó a Ollanta Humala frente a Keiko Fujimori en 2011, hoy correspondería priorizar la contención del fujimorismo antes que las discrepancias ideológicas con la candidatura de Juntos por el Perú.
JP gira al centro
En los últimos meses, Sánchez ha moderado varios de sus planteamientos iniciales y se ha acercado a sectores provenientes de Ahora Nación, Primero la Gente y otras corrientes centristas. Pese a ello, Pérez Tello y Nieto mantienen su llamado al voto nulo o viciado.
Sin embargo, Marisol Pérez Tello y Jorge Nieto Montesinos se niegan a respaldar a Sánchez, siquiera de manera crítica, pese a que ambos compartieron con él, en distintos momentos, el espacio político que apoyó a Pedro Pablo Kuczynski, ya sea en 2011 o 2016. Tal vez ello responda a una visión similar a la expresada por Rosa María Palacios, quien ha señalado reiteradamente que nunca ha votado por una candidatura de izquierda (aunque escribe en el diario de la socialdemocracia peruana).
Tanto Pérez Tello como Palacios apoyaron a Keiko Fujimori frente a Pedro Castillo en 2021. En la actual coyuntura ya no plantean repetir ese respaldo, pero sí sostienen la opción del voto nulo o en blanco.
Nieto, por su parte, rechaza sumarse a una eventual coalición antifujimorista pese a que Sánchez siempre se ha definido como socialcristiano y nunca ha reivindicado una identidad marxista. Resulta llamativo que quien hoy enfatiza ese argumento sea precisamente alguien durante muchos años fue uno de los dirigentes del Partido Comunista Revolucionario y que tuvo una trayectoria vinculada a la izquierda maoísta de los años setenta y ochenta.
Sánchez, en cambio, nunca ha sido marxista y ha rechazado públicamente varias de las propuestas más polémicas asociadas al etnocacerismo de Antauro Humala (como la pena capital, el retorno al incario y el restablecimiento del culto al sol). Además, se define como católico practicante y ha insistido en que su proyecto político se ubica dentro de una tradición socialcristiana.
Cabe recordar que Mario Vargas Llosa respaldó a Ollanta Humala frente a Keiko Fujimori pese a las conocidas posiciones etnocaceristas defendidas por el padre y el hermano del entonces candidato nacionalista. Para el escritor de derecha neo-liberal, el riesgo que representaba el retorno del fujimorismo al poder era mayor que las discrepancias que pudiera tener con Humala
Nieto quiere que el voto nulo le sirva para construir su propio partido de derecha “moderada”
Jorge Nieto sostiene que la incorporación de antiguos simpatizantes del senderismo a la política democrática constituye, en realidad, una derrota ideológica para ellos, en la medida en que han abandonado la estrategia de la lucha armada. El PCP-Sendero Luminoso protagonizó una campaña terrorista que contribuyó a crear las condiciones que permitieron el fortalecimiento del autoritarismo durante la década de 1990. Sin embargo, hace un tercio de siglo que Abimael Guzmán abandonó la llamada “guerra popular” y que sus seguidores fueron llamando a la unidad nacional y amnistiar hasta a Vladimiro Montesinos y Alberto Fujimori.
Hay múltiples ejemplos de dirigentes que en algún momento fueron acusados de terrorismo o participaron en organizaciones armadas y que posteriormente se incorporaron a la política institucional. Los casos de Nelson Mandela, José Mujica o Gustavo Petro suelen ser citados en ese sentido. La cuestión central no es únicamente el pasado de una persona o de una organización, sino también su evolución posterior y su comportamiento presente.
Desde esa perspectiva, quienes defienden a Juntos por el Perú sostienen que dentro de esa organización no existe ninguna reivindicación de la estrategia terrorista de Sendero Luminoso ni de la figura de Abimael Guzmán. Por su parte, de la misma manera en la cual Nieto Montesinos y Fernando Rospiglosi, el actual presidente fujimorista del congreso, hace tiempo dejaron de enarbolar las banderas rojas, el símbolo del fusil con la hoz y el martillo y la doctrina “marxista-leninista”, ambos no deben condenar que existan otros ex-maoístas que también hayan abandonado la estrategia de la “guerra popular”, aunque, a diferencia de ellos, no hayan acabado asociados a la derecha.
Nieto suele advertir que el llamado “mal menor” termina convirtiéndose en un mal mayor. Para sustentar esa tesis recuerda que sectores de la izquierda apoyaron a Alberto Fujimori frente a Mario Vargas Llosa en 1990. Sin embargo, también es cierto que otros sectores de izquierda defendieron entonces el voto blanco o nulo
Asimismo, Nieto critica el respaldo que algunos grupos de izquierda dieron a Dina Boluarte tras la caída de Pedro Castillo. Sus detractores responden señalando que él mismo formó parte del servicio diplomático peruano durante el fujimorismo, que más tarde integró el gabinete del derechista neo-liberal Pedro Pablo Kuczynski y que estuvo en negociaciones con Dina Boluarte para ser su primer ministro, luego de que ella masacrara a cientos de civiles en el verano peruano del 2022-2023.
Lo cierto es que el actual llamado al voto viciado le permite a Nieto diferenciarse tanto del fujimorismo como de Sánchez y querer construir un perfil propio dentro del espacio político de centro.
Paradójicamente, si durante los primeros años de la transición democrática el voto nulo era una consigna asociada principalmente a sectores de la extrema izquierda, hoy uno de sus principales defensores es un exdirigente de tradición maoísta que ha evolucionado hacia posiciones de centroderecha
Variantes del voto por nadie
Junto a la postura de Pérez Tello y Nieto existen otras posiciones intermedias. Es el caso de País para Todos, de Carlos Álvarez, así como de agrupaciones menores que han optado por no alinearse claramente con ninguno de los dos finalistas (como son los casos del cerronismo y de los morados).
Mientras Nieto busca tomar distancia de su pasado izquierdista, Álvarez intenta hacer lo propio respecto de su antigua cercanía con el fujimorismo. El resultado es un escenario en el que distintas figuras políticas de derecha compiten por representar a los electores que no se sienten identificados con ninguna de las dos candidaturas de la segunda vuelta.
No obstante, Carlos Álvarez ha concentrado buena parte de sus críticas en Antauro Humala, al igual que el diario Perú21. Desde esta perspectiva, ambos consideran que la mejor forma de debilitar a Roberto Sánchez es asociarlo permanentemente con el etnocacerismo. El humorista que antes respaldaba a Fujimori se concentra en ridiculizar a JP, para lo cual le conviene aparecer como “neutral” en la segunda vuelta.
Mientras tanto, Mesías Guevara, excandidato presidencial del Partido Morado, se ha distanciado de este al haber optado por respaldar a Sánchez. Marisol Pérez Tello, en cambio, enfrenta una situación distinta, pues es su propio partido el que ha decidido integrarse a la alianza y al equipo técnico de Juntos por el Perú.
Por su parte, el cerronismo sostiene que Juntos por el Perú y Fuerza Popular representan variantes de un mismo sistema político neoliberal. Sin embargo, en lugar de promover el voto nulo, ha optado por conceder “libertad de voto” a sus militantes. Ello permite que algunos de los seguidores fieles al jefe del partido prefieran votar por nadie, mientras que otros opten por respaldar a Sánchez para evitar un triunfo del fujimorismo o seguir aislándose del resto de las izquierdas. De esta forma tratan de retardar la eventual desintegración de su mini-partido. <br /><br />En cuanto a Vladimir Cerrón, la situación ha cambiado radicalmente. Sus antiguos acercamientos al fujimorismo vienen llegando a su fin en la medida de que ya no ha de tener ni un solo congresista. Hoy, Keiko Fujimori exige su captura y ya no tiene incentivos para mantener tantos entendimientos con quien fue un aliado en muchas votaciones parlamentarias.
Keiko solamente puede ganar si crece el voto nulo y blanco dentro de sus detractores
Keiko Fujimori sabe que difícilmente puede alcanzar la victoria únicamente con su electorado, el cual difícilmente llegue al 40% de los votos emitidos. Por ello, necesita fragmentar a sus adversarios y lograr que una parte de sus enemigos vote nulo o blanco. Desde esta óptica, el voto por nadie termina favoreciendo a sus posibilidades electorales al restar apoyo potencial a su principal contendiente
Si a inicios de la actual democracia el voto nulo se asociaba al maoísmo radical, ahora un ex-maoísta devenido en derechista quiere transformar al voto nulo en su estrategia para construir su propio parido de centro-derecha neo-liberal. El voto nulo del 2026 expresa a ex-ministros de Pedro Pablo Kuczynski, quienes se niegan seguir el planteo de PPK de votar por Keiko, pues prefieren construir un nuevo espacio de derecha liberal. Por eso, el voto nulo de hoy no es un rechazo al sistema, sino un apoyo a quienes quieren una forma “light” de fujimorismo económico con democracia liberal.
Mientras tanto, los antifujimoristas vienen cerrando filas en torno a la candidatura de JP. Los sectores socialistas pueden criticar a JP por sus nuevas posturas moderadas y quisieran que este adopte posiciones radicales, pero JP viene evolucionando hacia el centro, pensando que de esta manera van a aglutinar una mayor cantidad de fuerzas contra Keiko.
Para los que no quieren que Keiko siga concentrando el poder y pueda devenir en la primera dictadora femenina que se eternice en palacio, esta es una elección reducida a dos opciones, y la posición de voto por nadie termina teniendo consecuencias prácticas sobre el resultado final, pues ayuda al fujimorismo.
Por ello, argumentan que, aun manteniendo reservas frente a Roberto Sánchez, corresponde respaldarlo para evitar una concentración excesiva de poder político de parte del continuismo keikista y preservar los equilibrios institucionales frente a un eventual retorno del fujimorismo al gobierno. El voto nulo hoy termina anulando la democracia y ayudando a que el fujimorismo anule los derechos humanos y la lucha contra el autoritarismo y la corrupción.