El fantasma de Evo Morales y el antimasismo simplón

La actual coyuntura de conflictos ha vuelto a despertar el fantasma de Evo Morales. Con ayuda del gobierno (y otros desubicados a los que me referiré más abajo), que tratando de ocultar todos y tantos despropósitos cometidos en tan corto tiempo, y que indudablemente están afectando gravemente a la población al punto de originar las movilizaciones; han decidido endilgarlas al fantasma de Evo Morales como el causante y propiciador de las mismas y el cada vez más enfurecido malestar social que ha llegado hasta las calles.
Por supuesto que el zombie Evo Morales desplegará todas sus malas mañas y fuerzas ante las actuales circunstancias. Y lo hace, NO porque las lee (ni le importan) como justas protestas sociales, sino como una gran oportunidad para alborotar el avispero, con tal de disfrazar y endilgar a otros su propia responsabilidad en la origen de los males que movilizan a diversos sectores, pero especialmente para ocultar y distraer la mirada pública sobre sus delitos que lo tienen al borde de su aprehensión por tratar de burlarse de la ley y ocultarse cobardemente detrás de sindicato cocaleros que están siendo obligados a defenderlo y protegerlo en un esfuerzo a todas luces insostenible en el tiempo, que con seguridad los debilita y desgasta profundamente.
Se ha dado a la tarea de agitar políticamente, pero dado que se producen en total ausencia de razones y demandas socialmente razonables y legítimas, dicha agitación ha adquirido desembozadamente el carácter ilegal y anticonstitucional de conspirativas contra el estado de derecho y la democracia vigentes. Es decir, están al margen de la ley, la Constitución y los derechos a la protesta.
En ese marco y producto de los inadmisibles actos de violencia, destrozos y hasta muerte de ciudadanos que debieron pagar con sus vidas ante la imposibilidad de acceder a centros de auxilio y salud que los atiendan por la intransigencia inhumana de los bloqueos; la ciudadanía (especialmente de la ciudad de La Paz), se ha visto secuestrada, totalmente inerme y en la desesperante situación de impotencia que obligó a soportar la violencia y vandalismo desatado como efecto de las movilizaciones.
Como consecuencia de tan dramático escenario, se han generalizado las justas protestas de la ciudadanía contra el estado de violencia y el estrangulamiento urbano, pero especialmente por el estado de indefensión en que quedó la población mayoritaria.
Lo profundamente sorprendente y francamente decepcionante, es que la generalidad de opinadores, analistas, generadores de opinión, pero especialmente intelectuales; hayan decidido adoptar el simplón y totalmente equivocado argumento del gobierno (que a su turno tiene el perverso efecto de ayudar a revivir y darle una palestra inapreciable), que consiste en atribuir al fantasma de Evo Morales y el masismo la causa y responsabilidad de toda la situación de violencia desatada, pero que oculta y apaña los despropósitos, las medidas antipopulares y los reiterados como inadmisibles desaciertos de la gestión gubernamental.
Nuevamente a título de defender la democracia, el estado de derecho y la necesidad de reponer la paz social; deciden culpar de todos los males al fantasma del masismo que les persigue como su karma, pero sin percatarse que precisamente esa decisión y ese acto, no solo sirve, alienta y le hace el juego al cadáver político de Evo Morales, sino que a tiempo de darle vigencia , le otorga todas las condiciones para retornar como “salvador” a la palestra nacional.
Es decir, NO solo contribuyen a atizar el estado de desasosiego y temor de la población, sino que contribuyen perversamente a crear un estado real de rompimiento y desestabilización política (ya no solo social) de la situación. En otras palabras, contribuyen a despertar y dar vigencia al fantasma del masismo que la gran mayoría nacional desprecia y quiere que desaparezca. Todo, a sabiendas inclusive de que se trata de un masismo que, de muto propio, continúa despedazándose sólo y por propia iniciativa.
No logran distinguir y discriminar las justas demandas de algunos sectores sociales que han confluido en el conflicto desatado, de las francamente ilegales, conspirativas y antidemocráticas consignas de la COB y la marcha del masismo (irónicamente denominada “por la paz”), a las que SI deberían haberse destinado todas las medidas de represión que se usaron indiscriminadamente contra todos, enardeciendo el estado de situación.
En ese marco, la actuación del desgobierno de Paz Pereira, así como el antimasismo simplón que rayan con un indisimulable racismo señorial y colonial discriminatorio que los lleva a identificar y rechazar toda movilización social como si fueran actos inadmisibles que deben ser sofocados de cualquier manera (mejor si es violenta o artificiosamente “legal”), solo porque huelen al retorno del masismo; es a no dudar un acto de auto engaño colectivo y la manera más efectiva de preparar todas las condiciones en bandeja de plata, para que precisamente se imponga el autoritarismo, la violencia y la restauración del ultraliberalismo radical y reaccionario que si terminará destruyendo el país.
Sépase que este (des)gobierno indudablemente encontrará alguna vía para salir del atolladero actual, y seguramente tendrá otro lapso para desempeñarse. Sin embargo, las movilizaciones sociales persistirán (y probablemente se agudicen), en tanto existan causas justas y sobre todo un gobierno antinacional e incompetente. Tratar de sofocar protestas, sea por la vía represiva o “legal”, únicamente significa patear los conflictos hacia un futuro cada vez más inmediato, corto y más grave, en tanto no se tenga una idea clara del país que queremos.
Consiguientemente, lo que al país le falta NO es desterrar, detener o (peor) reprimir indiscriminadamente movilizaciones, sino la ausencia de un proyecto nacional alternativo e independiente y diferenciado tanto del (neo)liberalismo radical, como del masismo antinacional. ambos ya expulsados soberanamente.
La democracia no se defiende ni se sostiene manteniendo un desgobierno claramente impopular, antinacional y pro gamonal; sino construyendo un proyecto alternativo. Utilizar los medios represivos y violentos para desarticular movilizaciones, o echar mano de mecanismos “legales” (como la sucesión o el revocatorio), sólo son parches temporales e inútiles a un problema de fondo que tiene que ver con qué país queremos y no solamente con el candidato, o el gobernante, o inclusive con la competencia, capacidad o méritos que puedan tener, que finalmente logren apropiarse del poder. La gobernabilidad y legitimidad de un régimen nacen de la búsqueda y concertación del bien común de todos; NO de respaldos circunstanciales y/o excluyentes, y menos de la autoridad impuesta por la violencia y la fuerza o por intereses corporativos excluyentes.
Por eso lo que urge NO es sostenerlo (sea a título de defensa de la democracia, o exigencia para que retorne la paz y el estado de derecho perdidos), sino por construir un proyecto nacional alternativo, porque no se puede esperar (o pedir) peras del olmo a este gobierno que ya decidió someterse y servir a intereses antinacionales.
Sólo entre paréntesis para aquellos que sueñan y se engañan imaginando que una posible solución al entuerto nacional sea por la vía de sucesión con el vice Edman Lara; decir y puntualizar que ello es tanto o peor que el actual desgobierno de Paz Perera, por la simple razón de que se trata de otro populismo ultra radical del liberalismo (afecto a cárceles y represión estilo Bukele), que el pueblo detesta y sólo es respaldado por oportunistas como él.
Y para esa minúscula y acomodaticia corriente de “demócratas legalistas” que ya resignaron sus banderas democráticas y claudicaron frente a la partidocracia tradicional y reaccionaria, y que ahora defienden la revocatoria de mandato; señalarles que al margen de su vergonzante sometimiento a los intereses antinacionales y reaccionarios, también han perdido la brújula para contentarse a vivir en su cómoda burbuja señorial y racista de una democracia de mentiras.
En fin, para todos quienes se preguntan: “y mientras tanto se construye esa alternativa qué hacemos?”; tendrán que saber que este tipo de procesos requiere de tiempo (lo mismo que tardaría lograr la esperada estabilización económica y la superación de la crisis y el nuevo despegue productivo y bienestar nacional). De hecho, ninguna medida de política nacional o económica que se adopte, cambiará la situación inmediatamente y por arte de magia como todos quisiéramos. La impaciencia y urgencia son entendibles, pero por la gravedad y profundidad de los problemas nacionales acumulados, necesitarán tiempo y especialmente consenso y esfuerzo colectivo. NO se debe olvidar jamás que ya todo el pueblo ha tenido y estado soportando más de cinco años de otro régimen similar, pero masista, con tal de recuperar un bien mayor que era deshacerse de la despótica autocracia que nos estrangulaba.
Sociólogo, boliviano. Cochabamba, Mayo de 2026.