Elecciones regionales con 5.432 cargos ponen a prueba control territorial de Rodrigo Paz

Juan Carlos Marañón Albarracín

Bolivia vota este domingo para elegir 5.432 autoridades subnacionales, incluidos gobernadores y alcaldes, en unos comicios que pondrán a prueba si el presidente Rodrigo Paz puede convertir su respaldo en control territorial.

Aunque el mandatario mantiene niveles de aprobación cercanos al 65 % en las ciudades de La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz, ese respaldo no se traduce en candidaturas competitivas en esos mismos centros urbanos.

En ese escenario, el oficialismo enfrenta dificultades para consolidar control territorial en las principales ciudades y departamentos del país, donde sus candidatos a alcaldías y gobernaciones aparecen con bajas probabilidades de ser electos.

El oficialismo compite bajo la coalición Unidos por la Patria, una estructura articulada con su agrupación Primero la Gente y liderazgos regionales, en reemplazo del Partido Demócrata Cristiano con el que Paz ganó la presidencia.

Sin embargo, esa reconfiguración expone una estrategia basada en alianzas puntuales más que en una estructura partidaria consolidada, lo que limita su capacidad de despliegue en el territorio.

El mapa electoral refleja esa debilidad. En La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, los principales centros urbanos, los candidatos oficialistas aparecen rezagados en encuestas, mientras figuras con base propia concentran la competencia.

En Santa Cruz, el principal bastión económico del país, la disputa por la gobernación se concentra entre Luis Fernando Camacho y Juan Pablo Velasco, dejando al oficialismo en un rol secundario. Candidaturas emergentes como la de Otto Ritter han ganado visibilidad, especialmente en sectores jóvenes.

Cochabamba muestra una dinámica similar. Leonardo Loza, respaldado por Evo Morales, encabeza las encuestas, mientras el oficialismo queda relegado frente a estructuras políticas con arraigo territorial. La contienda evidencia que el voto subnacional responde más a liderazgos locales que al arrastre presidencial.

La fragmentación política se mantiene. El evismo participa tras su retroceso electoral, mientras el vicepresidente Edmand Lara respalda candidatos en distintos frentes, marcando tensiones dentro del bloque oficialista.

El presidente ha mantenido un perfil bajo durante la campaña y afirmó que el Gobierno no busca influir en el voto. “Hoy garantizamos la libertad para que cada ciudadano elija a sus autoridades”, sostuvo.

Esa decisión, sin embargo, también reduce su capacidad de arrastre en territorios donde el oficialismo ya muestra debilidad estructural.

El escenario confirma una constante de la política boliviana: el poder nacional no siempre se traduce en control subnacional. En ese contexto, el resultado electoral definirá no solo autoridades locales, sino el margen real de maniobra del Gobierno.

La elección, así, no solo mide votos. Define si el proyecto de Paz puede asentarse en el territorio o si dependerá de acuerdos pragmáticos con actores locales para sostener su gobernabilidad.

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