Murió David Santalla, el Teatro Municipal de La Paz abre sus puertas para su homenaje póstumo

La noche de este domingo, el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez abrirá sus puertas no para una función, sino para un acto de despedida nacional. Las butacas que durante décadas retumbaron con las risas que provocaba David Santalla serán el escenario de un homenaje póstumo al actor y comediante, fallecido la tarde del sábado en la ciudad de Sucre a los 86 años, tras una larga batalla contra el cáncer.

El deceso se produjo alrededor de las 15:20 en el Instituto Chuquisaqueño de Oncología (ICO), donde Santalla recibía atención médica desde hacía dos años. Horas antes, su esposa, Sandra Saavedra, había activado una conmovedora petición en redes sociales: «Siempre me dijo: ‘No quiero que me olviden’. A todos sus fans, si pueden llamarle; él no responderá, pero les escuchará». La súplica reflejaba el espíritu de un hombre que hizo de la conexión con el público la esencia de su vida.

Cumpliendo su última voluntad, los restos de Santalla serán trasladados este domingo desde Sucre a La Paz, la ciudad que lo vio nacer el 16 de agosto de 1939. Un operativo especial, coordinado por el Gobierno nacional, incluye un vuelo de Boliviana de Aviación (BoA) para traer el féretro y a sus familiares. Desde el aeropuerto, una caravana lo llevará hasta el Teatro Municipal, donde se espera una multitud para rendirle tributo a partir de las 20:00.

El hombre de los mil rostros

Nacido en el paceño barrio de Miraflores, Santalla fue mucho más que un comediante. Su vida, marcada por un exilio infantil en Chile durante la dictadura del MNR, forjó un artista capaz de observar su país con la distancia de un extranjero y el cariño de un hijo pródigo. Allí, en Santiago, aprendió a usar su voz e imaginación, pero fue en Bolivia donde encontró la materia prima para su arte: el habla quejumbrosa del paceño, la picardía del colla, la ternura de la abuela.

Su formación fue tan sólida como ecléctica: llegó a estudiar Construcción Civil en la Universidad Mayor de San Andrés, recibiéndose de ingeniero, y fue instructor de gimnasia en el Colegio Militar. Sin embargo, el escenario pudo más. Desde sus inicios en radio Méndez junto a Hugo Eduardo Pol con el mítico dúo «Alí y Babá» en 1962, Santalla demostró que el humor podía ser un vehículo para retratar el alma nacional.

Un legado de más de 40 obras

Su genio creativo parió personajes inolvidables que se ganaron un lugar en el imaginario popular. Estaba Toribio, el pobrete de lágrima fácil y corazón honrado; el cascarrabias Don Enredoncio, que se enredaba en sus propias contradicciones; o la entrañable Doña Liboria, inspirada en su abuela. Pero quizás su creación más querida y transgresora fue La Salustiana, una chola boliviana que, con su mezcla de timidez y osadía, rompió esquemas de género y clase en la escena nacional.

Su talento trascendió el humor y las tablas. En cine, su papel como el burócrata gris en la película Chuquiago (1977) de Antonio Eguino, o su inolvidable Vito en Mi socio (1983) de Paolo Agazzi, demostraron su versatilidad actoral. Con más de 40 obras teatrales, programas icónicos como Santallazos y participaciones en televisión, su carrera abarcó más de seis décadas, dejando una escuela de comedia basada en la observación social y el respeto por el público.

«El humor es la forma más noble de resistencia cultural»

Las reacciones a su partida no se hicieron esperar. El Ministerio de Turismo, Cultura, Folklore y Gastronomía destacó que Santalla, a través de su labor, «documentó y preservó la idiosincrasia y las expresiones sociales de nuestra nación». En un sentido comunicado, la cartera de Estado expresó: «Gracias, Maestro, por enseñarnos que el humor es la forma más noble de resistencia cultural».

En estos momentos, sus restos son velados en el Salón de los Espejos de la Gobernación de Chuquisaca, en Sucre, donde colegas, autoridades y ciudadanos comunes se acercan a darle el último adiós al «niño travieso», como él mismo tituló uno de sus libros. Mientras tanto, en La Paz, se prepara el Teatro Municipal para un acto que, según la convocatoria oficial, busca ser un «momento de recogimiento, respeto y gratitud hacia un hombre cuya trayectoria forma parte del patrimonio cultural y humano de Bolivia».

David Santalla se despide físicamente, pero como él pidió, el país no lo olvidará. Su legado queda vivo en cada personaje que sigue haciendo reír, en cada imitación de La Salustiana y en la certeza de que, en Bolivia, el humor tiene el rostro noble y querido del maestro Santalla.

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