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Movilizaciones y gobierno pazpaku

Carlos Macusaya

En las recientes movilizaciones, la Central Obrera Boliviana (COB) logró ser el principal referente organizacional, tanto para los sectores populares como para el propio gobierno. En Perú, a inicios de 2023, muchos sectores estaban movilizados masivamente, pero no había entre ellos organizaciones con la legitimidad y capacidad de actuar como portavoces de esos sectores (en su conjunto) frente al poder. Al final, la movilización se desgató y el poder se impuso. Que una organización, en este caso la COB, sea reconocida como principal portavoz y representante legítimo no es un detalle menor. Pero también es significativo que su dirigencia no haya de oponerse a tales aspectos del Decreto 5503, sin plantear formas de generar recursos para el Estado, por ejemplo, con aranceles a la agroindustria (como pasa en otros países).

Las movilizaciones también mostraron la capacidad de articulación de varios sectores. Las movilizaciones no solo implican a las dirigencias. También se ponen en juego lazos de solidaridad, capacidades organizativas, modos de ocupar el espacio, memorias, expectativas y una serie de elementos que hacen al “cuerpo social movilizado”. Se ha puesto “en la cancha” la fortaleza política de los sectores populares en acción, aunque la perspectiva ha sido defensiva y sin esbozar aun elementos que puedan dar paso a tomar la iniciativa.

La Asamblea Legislativa Plurinacional no llegó a ser ni siquiera un adorno durante las movilizaciones. Quienes fueron electos por el voto popular no tuvieron la capacidad de ser mediadores ni de plantear salidas a la situación. Lo propio ocurrió con quien preside dicha Asamblea, el vicepresidente Edmand Lara. No pudo ir más allá de ser opositor a Paz desde redes sociales. La que fue su fortaleza para vehiculizar el voto popular, su presencia en Tik Tok, es su límite. Ha mostrado que es incapaz de ir más allá y convertirse en un articulador político.

El gobierno, por su lado, ha puesto en ridículo su propia imagen con el Decreto 5503. Los copy paste de otras normas y los errores formales en la redacción muestran a un gobierno incompetente. Esto cobra más peso porque Paz y compañía presumían de ser un gobierno meritocrático y, por lo visto, no pueden ni redactar un decreto. Pero, más allá de la formalidad, el “gobierno meritocrático”, mediante el Decreto 5503, omitía calculadamente varios aspectos señalados en la Constitución. Es decir, además de inepto, también se mostró como un gobierno que “le mete nomas”, un gobierno que hace lo que critica, que es “doble cara”.

Haber logrado el voto de la “indiada” no le ha garantizado a Rodrigo Paz tener a ese electorado “comiendo de su mano”. Incluso, en el poco tiempo que lleva en el gobierno, ha pasado de ser considerado “semi nuevo en política” a ser identificado como un hablador, un típico “Pazpaku”, alguien de quien se debe desconfiar, alguien que dice cosas que no son creíbles. El salir a descalificar y lanzar acusaciones contra los movilizados solo lo ha posicionado como un irresponsable.

Se puede decir que tras las movilizaciones contra el Decreto 5503 el gobierno de Paz no salió con un “empate”, salió debilitado, con la legitimidad erosionada. Desde luego, Paz nunca apostó por consolidar algún tipo de relación política con los sectores que lo pusieron donde está. Y nunca fue más allá de poner “cara de indio” en algún espacio ministerial.

En general, las movilizaciones mostraron que no basta ser Pazpaku para gobernar.

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