Cartuchos de harina jesuita
El artículo de Gonzalo Mendieta Romero publicado en la columna Cartuchos de Harina del periódico digital La Brújula Digital el 06/09/2025, titulado “Los jesuitas sentenciados: ser impopular y estar a salvo”, es curioso. Es una columna que oscila entre la apología del delito, argumentos leguleyos y deslices freudianos. La columna en cuestión empieza con la cita de un hombre (Adlai Stevenson) que ha pasado a la historia de los EE. UU. asociado con el fracaso del país del norte en la Bahía de Cochinos, la invasión fallida a Cuba. La frase “ser impopular y estar a salvo” le pertenece a Stevenson.
Mendieta, en teoría, se arriesga a mostrar las fallas de un sistema judicial que, en su opinión, es “castro chavista —o masista—”, que difama, lincha y condena a dos venerables ancianos a costa de ser “impopular”. El artículo trata sobre la condena a los jesuitas por encubrimiento de abusos sexuales. ¿Qué tienen en común Stevenson y los abusos a menores de edad en instituciones católicas de todo el mundo, y de Bolivia en particular? ¿Qué tiene que ver la Bahía de Cochinos —bahía que debe su nombre a los puercos o cerdos jíbaros que la habitaban—? Puede ser que en este punto el inconsciente de Mendieta le haya jugado una mala pasada.
El abuso infantil en Bolivia no ha sido simplemente un desbarajuste burocrático de proporciones gigantescas. Los jesuitas bolivianos y extranjeros no han sido, como sugiere la cita de Stevenson, actores desinformados que veían suceder cosas a su alrededor sin ser informados. No. No eran ni mamertos ni papanatas. Sabían bien lo que estaba sucediendo.
Un pedófilo no es un cerdo en el sentido de persona grosera, no señor Mendieta: un pedófilo es un criminal. Los colegios bolivianos no se llenaron de pronto de “personas groseras”. La pedofilia no es una grosería. No es mera “lascivia” lo que produce el abuso, como implica Mendieta. El abuso sexual a niños en Bolivia y el mundo es una atrocidad sin atenuantes.
La condena a prisión del “amigo” de Mendieta, Ramón Alaix S. J., y de Marcos Recolons S. J., junto con los abusos revelados en los diarios del pervertido jesuita Pedrajas, son apenas la punta del iceberg de un crimen atroz con ramificaciones extensísimas. No es casualidad que varios de estos “religiosos” europeos hayan seguido la misma ruta y el mismo plan de escape que los criminales nazis. Huir, después de cometer crímenes contra los más débiles, a América del Sur —región aislada del mundo— es un camino que ya fue trajinado por criminales de guerra.
El abuso sexual destruye la autoestima de los niños y el golpe es tan terrible que toma años procesarlo, y muy pocos son los que lo sobreviven realmente. En un sentido más amplio, además, la manera en que tratamos y educamos a los niños define la sociedad en la que queremos vivir. Es decir, señor Mendieta, ¿de qué sirve despotricar contra el gobierno de Evo Morales y sus abusos si vamos a permitir que los amigos cometan
atrocidades contra los más débiles?
En una entrevista de hace aproximadamente 13 años, en Fides TV, Mendieta, entrevistado por el extinto Eduardo Pérez Iribarne (entrevista que puede verse en YouTube), aparece orondo y se refiere a Pérez Iribarne como “Padre”. El finado cura Pérez responde con halagos, y el intercambio de piropos entre el ahora occiso y el abogado Mendieta no aclara nada sobre el panorama político local (pretexto del programa), pero quedó más o menos claro que la relación entre la Iglesia y Mendieta siempre fue buena.
El elegantísimo Eduardo Pérez Iribarne aparece en el diario de Pedrajas; incluso intercambiaban cartas.
Pérez Iribarne llegó a ser el jesuita más poderoso en Bolivia debido a la influencia de sus programas de televisión en la política boliviana. A veces, Pérez Iribarne podía decidir el rumbo de las elecciones locales y también ejercer influencia en las nacionales. ¿Por qué decidió Pérez Iribarne ir a Bolivia para ejercer el periodismo? ¿Era su misión altruista, inspirada por la santa paloma y el espíritu santo, crear medios de comunicación para que los bolivianos estemos bien informados y aprendamos a hacer periodismo como Dios manda? ¿O fue más bien una operación montada durante años para ejercer influencia en el medio local y, entre otras cosas, ocultar monstruosidades?
Me hago la pregunta ahora que recuerdo haberlo visto manejando, por la noche, un coche Nissan Patrol en el Prado de la ciudad de La Paz en los años 90, con dos niños que no podían tener más de 12 años sentados en el asiento delantero de su vehículo con lunas polarizadas. Me extrañó verlo con niños y siempre quise preguntarle quiénes eran. Lamentablemente, Pérez Iribarne se fue antes de poder responder a muchas preguntas.
Otro aspecto que, al parecer, quieren lograr Mendieta (a quien parece que la “lealtad al santoral puede más que su oficio”) y todos los que relativizan, niegan u ocultan este crimen atroz, es detener la investigación de la red de pedofilia altiplánica y su subsecuente encubrimiento. Eso dejaría impunes a los operadores estatales que callaron ante el vendaval de “cochinos” que arribaron desde España a nuestra bahía mediterránea.
Hay muchas preguntas que hacer. Por ejemplo: ¿No se enteró el ministro de Educación de la época, el ex cura jesuita Enrique Ipiña Melgar, de los reclamos de las víctimas de estos religiosos que estudiaban en colegios y escuelas bajo su autoridad y tuición? ¿No le llegaban los mensajes en sus varias gestiones como ministro estatal? ¿O acaso su secretaria no le pasaba los mensajes?
Luis To, otro “reverendo” violador, llegó a Bolivia procedente de Barcelona, ya condenado por crímenes de pedofilia, durante el gobierno de Jaime Paz Zamora —quien fue cura frustrado—, y procedió a abusar de niños en colegios fiscales de Bolivia, ¿y nadie se enteró de nada?
Hay muchas preguntas que merecen respuesta. Y ya es hora de hablar y preguntar. Si de verdad queremos cambiar la sociedad, debemos cambiar el trato a los menores de edad en Bolivia. Castigar los abusos sería un paso fundamental.
Para Mendieta, el sistema judicial español es un ejemplo porque ha dejado a su amigo libre. Pero el sistema judicial de los Estados Unidos y otros países europeos más avanzados continúan investigando estos crímenes y están indemnizando a las víctimas como corresponde. ¿Será que la Compañía de Jesús no quiere asumir sus
responsabilidades? La hora de la justicia ha llegado, es hora de que los culpables paguen.
A manera de conclusión: en las últimas semanas Bolivia ha visto jurar a un nuevo presidente. Rodrigo Paz Pereira juró a nombre de «Dios, familia y patria» ¿será que el nuevo gobierno va a esclarecer los casos que quedan pendientes o volverán todos los casos a fojas cero?. La relación de la familia de Paz con los jesuitas y la Iglesia católica es bien conocida. Acá voy a hacer una revelación más bien personal: en los años 90 y luego de la misteriosa desaparición de un «sacerdote» en el colegio jesuita San Ignacio de La Paz y de su reubicación misteriosa en Buenos Aires y de la publicación de un libro bajo el título ditirámbico de «San Ignacio: un Compromiso Humilde con los Demás» mi señora madre recibió la quinta diputación suplente en el extinto partido del padre del actual presidente de Bolivia. Siempre me quedo la duda. ¿Fue este el premio por una operación religioso-cosmética en la que participó la Sra Susana Peñaranda de del Granado o fue el reconocimiento por una vastísima carrera política en territorio boliviano? Traigo este ejemplo personal a colación porque más que un caso aislado me parece un ejemplo de un fenómeno pernicioso en la política boliviana del que el sr Mendieta en mi opinion también es parte ¿Dios, patria y familia significa un retorno a la inicua relación entre el estado boliviano y la iglesia católica, será sinónimo de impunidad?