El nuevo presidente Paz toma el mando repitiendo una frase de Mussolini

Bolivia cerró el cambio, comienza la restauración

El eslogan «Dios, Patria, Familia», utilizado con frecuencia por el fascista Benito Mussolini, marcó el inicio del gobierno de Rodrigo Paz, con el que se espera el comienzo de la llamada restauración del sistema que había dominado Bolivia desde su fundación y que se creyó superado desde 2005.

Paz ganó la primera vuelta de las elecciones generales el 17 de agosto pasado con 1.717.532 votos (32.06%) y se impuso en la segunda vuelta —la primera en la historia de Bolivia— con 3.519.534 votos (54.96%).

En su discurso el nuevo presidente advirtió que, para «ordenar la casa», “no serán decisiones fáciles”, porque el país no puede continuar con el despilfarro. Paz afirmó que “la platita tiene que ser para hospitales, para colegios, para el trabajo y no para la farra de políticos”.

“No podemos mentir, y se lo digo con contundencia, a los dos presidentes de los últimos 20 años de este régimen. El malgasto de 60.000 millones de dólares del gas y tener una deuda de más de 40.000 millones de dólares interna y externa no fue algo correcto. Nos traicionaron, y la traición se paga en Bolivia, porque es el costo que tienen los más humildes”, dijo.

Según el mandatario, “la corrupción se volvió sistema y la mentira, política de Estado”.

Paz cuestionó la falta de resultados en la administración de los recursos naturales y lanzó una interpelación directa: “¿Dónde está el mar de gas? ¿Dónde está el litio? ¿Evo, dónde está el litio? ¿Arce, dónde está el gas?”

La policía como actor principal

Hasta ahora, en todos los actos oficiales el centro de los eventos lo ocupaban los militares, considerados defensores de la soberanía nacional. Esta vez, los militares no estuvieron presentes en la toma de mando y su lugar fue reemplazado por policías con características militarizadas.

Paz fue posesionado en el nuevo edificio de la Asamblea Plurinacional por Edmundo Lara, el excapitán de Policía que asistió al acto con un uniforme de la institución de la que fue dado de baja, según él, por denunciar corrupción. Lara se convirtió así en el primer vicepresidente en asumir su cargo con uniforme en 61 años. El último fue René Barrientos Ortuño, en 1964, quien después lideró el golpe que destituyó al entonces presidente Víctor Paz, tío abuelo del actual mandatario.

La Asociación Nacional de Suboficiales y Sargentos emitió un comunicado en el que expresó: «Hoy históricamente somos honrados y representados al haber logrado en justas electorales tan alta investidura, por lo que le brindamos nuestro apoyo incondicional y beneplácito a su decisión de asistir al acto de su posesión vistiendo el uniforme M10 de gala».

En su discurso de posesión Lara insistió varias veces en el tema del uniforme.

La biblia regresa al Palacio

La toma de posesión marcó el retorno de la Biblia al palacio de gobierno, una demanda de los sectores de derecha en Bolivia, a pesar de que la Constitución Política define al Estado como laico. El artículo 4 del texto fundamental precisa que “el Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones” y agrega que “es independiente de la religión”.

Bajo este mandato constitucional, el Estado laico boliviano debería abandonar sus tradicionales ropajes católicos, y no es admisible, en teoría, escolta militar en procesiones, ministros comulgando en actos oficiales, crucifijos y biblias en los juramentos de autoridades o acceso privilegiado de obispos a salones presidenciales.

Sin embargo, legisladores de Santa Cruz y La Paz pidieron la reposición de la Biblia y del crucifijo para el juramento en la primera sesión preparatoria de la Cámara de Diputados. Aunque un legislador de Beni cuestionó la decisión por contravenir la naturaleza laica del Estado, desde la directiva ad hoc de la Cámara Baja se explicó que la medida obedeció a una votación del pleno.

Dime con quién andas…

La posesión marca un cambio en la orientación política de Bolivia hacia la derecha. Uno de los invitados de honor a la transmisión de mando en La Paz fue el mandatario argentino, Javier Milei, quien mantuvo una amena reunión con Paz, intercambiaron presentes y se comprometieron a retomar una agenda común.

Mientras tanto, el vicepresidente Lara envió un saludo especial al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, considerado de ultraderecha por sus posturas en seguridad ciudadana, contrapesos democráticos y conservadurismo social.

En Latinoamérica versiones del eslogan «dios, patria y familia» fueron y todavía son utilizados por líderes de extrema derecha como Jair Bolsonar, Javier Mile, Nayib Bukele y el candidato presidencial de la derecha chilena José Antinio Kast.

La omisión indígena

En sus discursos de posesión, ni Paz ni Lara se refirieron en ningún momento a los pueblos indígenas, que según el último censo representan más del 42% de la población boliviana.

En el lenguaje de las señales, Lara fue el más explícito. No solo por su uniforme de policía en la posesión —aunque dijo que sería la última vez que lo usaba—, sino también por un saco de estilo colonial con el que recibió sus credenciales como vicepresidente electo.

Los cambios simbólicos: el reloj y la wiphala

El reloj del sur, instalado en la Plaza Murillo durante el gobierno de Evo Morales, no era solo un artefacto mecánico. Era un símbolo que al invertir el sentido de las agujas, rompía con la noción eurocéntrica del tiempo lineal. Ese reloj representaba un acto de rebeldía epistemológica: un gesto que decía que el Sur también podía marcar su propio tiempo, el pachakuti, el tiempo cíclico de las culturas originarias.

A pocas horas de la posesión de Paz ese reloj se convirtió en un reloj común; se ha producido un acto simbólico de restauración del orden. El Sur vuelve a girar hacia el Norte. Desde la filosofía política, este cambio puede leerse como un acto de resignificación involutiva: se abandona la idea de un tiempo plural para retornar al tiempo único del capitalismo global.

En el acto de posesión no se vio la wiphala, bandera de los pueblos aymara y quechua convertida en emblema nacional según la Constitución de 2009. La bandera fue retirada de la fachada del palacio de gobierno horas antes de la toma de posesión de Paz.

Vuelve el embajador de USA y también la DEA

Luego de una reunión con el presidente Rodrigo Paz, el subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau, anunció que La Paz y Washington repondrán embajadores, nivel de relación que se interrumpió en 2008.

“Vamos a restablecer las relaciones a nivel de embajador, como siempre debería de ser. Ha sido muy insólito que no hayamos tenido embajadores en nuestras capitales. Creo que eso es un paso muy importante y espero que podamos anunciar embajadores ya muy pronto”, aseguró Landau en un español fluido.

Bolivia y Estados Unidos no cuentan con embajadores desde el 12 de septiembre de 2008, cuando el Gobierno boliviano declaró persona no grata al embajador Philip Goldberg por una supuesta injerencia en asuntos internos.

En la misma conferencia, el presidente Paz afirmó que no solo la Administración para el Control de Drogas (DEA), sino “todos los organismos que garanticen la seguridad de los bolivianos pueden llegar al país”. La DEA fue expulsada en 2008, acusada de conspirar contra el gobierno.

Landau también señaló que “Bolivia es un país que puede beneficiarse de inversión extranjera”. Al respecto, el presidente Paz recordó que de los $us 115.000 millones de inversión extranjera que llegó a la región en 2024, Bolivia solo captó $us 240 millones. “Somos una isla en el mundo. Nadie invierte en Bolivia, nadie cree en Bolivia”, lamentó.

Arce se fue por la puerta de atrás

En la víspera, Luis Arce y David Choquehuanca, ex presidente y ex vicepresidente, cerraron un ciclo histórico de casi 20 años. Habían sido elegidos por abrumadora mayoría en 2020, pero parecieron salir por la puerta trasera dejando como recuerdo el hecho de haber generado las condiciones para el fin del proceso del cambio y el inicio de la “restauración”.

Vendrá un nuevo ciclo para la izquierda para “volver a ganar las calles” lo que permitirá, en el futuro, el retorno al gobierno, dijo Arce, quien se va agobiado por denuncias de corrupción sobre su familia.

“Estamos contentos de haber cumplido con nuestros jilata (David Choquehuanca) estos cinco años que marcan, en realidad, no un final, sino el inicio de la lucha de todos y cada uno, del pueblo boliviano que va a volver a ganar las calles para volver a entrar aquí a la Casa Grande”, dijo.

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