21060: El decreto imperial

Miguel Angel Pinto Parabá

Hoy se cumplen 40 años del Decreto 21060, la medida neoliberal que transformó a Bolivia en un laboratorio del capital. El 29 de agosto de 1985, Víctor Paz Estenssoro, apoyado por el investigador de Harvard, Jeffrey Sachs, impuso un modelo moldeado por el FMI y el Banco Mundial. Se vendió todo, incluso el agua. La represión silenció al sindicalismo, y el ser humano fue reducido a mercancía. Bolivia no fue reformada: fue entregada.

Los agentes del sistema imperial estadounidense, desde inicios de este siglo, han lanzado una sistemática y bien financiada campaña internacional para derrocar a todos los gobiernos latinoamericanos que se han atrevido a cuestionar y desmontar algunas políticas neoliberales, que se impusieron verticalmente desde los años 80 del siglo XX.

Sucede que quienes piensan que América Latina es su “patio trasero” desarrollaron una serie de medidas económicas y sociales de “ajuste estructural” y “estabilización” para los “países en desarrollo”, que luego se sintetizaron en lo que se conoció como el Consenso de Washington (1989).

El modelo de puertas abiertas al capital transnacional fue aplicado en gran parte del continente. Y Bolivia fue uno de los primeros países en experimentar ese proceso, timoneado por el economista estadounidense Jeffrey Sachs, quien fue convocado, primero, por Acción Democrática Nacionalista (ADN) y, luego, por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), en mayo y julio de 1985.

Con la frase “Bolivia se nos muere” enunciada por el entonces presidente Víctor Paz Estenssoro y la dictación del Decreto Supremo 21060, el 29 de agosto de 1985, el Estado y el pueblo boliviano fueron obligados a soportar, durante dos décadas, una política integral de dominación imperial.

Decálogo neoliberal

La estrategia neoliberal se condensó en un “decálogo” que fue redactado en benefició de los intereses de las transnacionales capitalistas y en detrimento de los sistemas productivos de los países atrasados.

El economista liberal John Williamson, en su libro Lo que Washington quiere decir cuando se refiere a reformas de las políticas económicas, explicó que el Consenso de Washington “se condensó” en 10 principios económicos, sociales y políticos:

1) Mantener una “disciplina” presupuestaria, sin déficit público; 2) hacer “eficiente” el “gasto” en educación y salud; 3) dictar una reforma tributaria con “impuestos moderados” para la iniciativa privada; 4) “desregular” la actividad financiera y las tasas de interés, de acuerdo al mercado; 5) fomentar un tipo de cambio “competitivo”, regido por el librecambio; 6) disminuir las barreras aduaneras para “liberalizar” el comercio internacional; 7) generar “óptimas condiciones” para las inversiones extranjeras directas; 8 ) “privatizar” las empresas públicas y “eliminar” los monopolios estatales; 9) impulsar la “desregulación irrestricta” de los mercados, y 10) legislar la “protección” a la propiedad privada.

Los gobiernos neoliberales de Latinoamérica fueron los agentes internos que se ocuparon de implementar, a pie juntillas, esas líneas de acción.

Por ejemplo, en Bolivia, desde 1985, a los regímenes de Víctor Paz Estenssoro y Julio Garrett Ayllón (1985-1989); Jaime Paz Zamora y Luis Ossio Sanjinés (1989-1993); Gonzalo Sánchez de Lozada y Víctor Hugo Cárdenas Conde (1993-1997); Hugo Banzer Suárez y Jorge Quiroga Ramírez (1997-2001); Jorge Quiroga Ramírez (2001-2002); Gonzalo Sánchez de Lozada y Carlos Diego Mesa Gisbert (2002-2003), y Carlos Diego Mesa Gisbert (2003-2005) no les tembló la mano para ejecutar esas medidas, que fueron además financiadas por el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

Del nacionalismo al liberalismo

El Decreto 21060 fue la punta de lanza de la liberalización del país. El “Pacto por la democracia” –firmado por el MNR de Víctor Paz y ADN de Hugo Banzer, en 1985– permitió estructurar una mayoría parlamentaria, que nunca convirtió la “Nueva Política Económica” en Ley. Fue impuesta al margen de la Constitución.

La mencionada norma liberal terminó con el intervencionismo estatal y reorientó la economía hacia el mercado. Así, con un duro «gasolinazo» estabilizó la economía y redujo la “hiperinflación”, cancelando las políticas sociales para los más pobres. El “congelamiento” de los salarios de los trabajadores, la “libre contratación”, la disminución de los derechos sindicales, el fomento a la explotación transnacional de las materias primas, la “apertura de mercados” para el ingreso de mercancías y capital financiero, entre otras, fueron las principales “medidas de shock”, que dejaron “desorientado” al movimiento obrero y popular boliviano.

En la década del ’90, con la aplicación de “reformas de segunda generación”, los regímenes neoliberales enajenaron los recursos públicos a través de la privatización de las principales empresas y recursos nacionales, con el eufemismo de la “capitalización”. Todo ese proceso concluyó en lo que la prensa denominó la “hipercorrupción”.

La violencia estatal

La progresiva aplicación del 21060 no se realizó con pañuelos blancos y flores; al contrario, fue vertical y violenta.

El sociólogo y comunicador social César Rojas Ríos, en su libro Conflictividad en Bolivia (2000-2014), explicó la manera cómo se impuso: “después del infructuoso ciclo del gobierno de la UDP (Unidad Democrática y Popular / 1982-1985), se implementó en Bolivia el modelo neoliberal que durante 15 años generó un período de relativa estabilidad (1985-2000), con un agregado de 3.802 conflictos en 15 años, un promedio de 21 conflictos mensuales, aunque se implementaron cinco estados de sitio: dos durante el gobierno de Víctor Paz Estenssoro, uno para detener la oposición al D.S. 21060 y el otro para controlar la protesta de los relocalizados mineros; uno durante el gobierno de Jaime Paz Zamora tanto para desmovilizar a cerca de 50.000 maestros como para desbaratar la huelga de hambre de más de 500 profesores; y dos durante el primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, uno para evitar la resistencia a la Reforma Educativa como a la Capitalización y otro para aplicar la estrategia de erradicación de la hoja de coca en El Chapare”.

El poder judicial, la policía y las fuerzas armadas fueron puestas a disposición de la aplicación de esa virulenta política económico-social. La resistencia de los sindicatos fue débil, pues varios dirigentes de la otrora poderosa Central Obrera Boliviana (COB) habían sido “corrompidos” y alineados al nuevo modelo global.

21060: Cuando convirtieron a Bolivia en neoliberal

Crisis y respuesta social

Pero ese modelo económico-social y político capitalista y globalizador, a fines del siglo XX, entró en crisis. Colapsó a nivel mundial. La utopía neoliberal, en otras palabras, mostró en los hechos su inviabilidad histórica.

Bajo esa experiencia, la actual restauración del neoliberalismo en varios países de América del Sur los está llevando por caminos sinuosos, inciertos y llenos de conflictos. Lo que ocurre en Argentina, Ecuador y Perú son sólo algunos ejemplos. En noviembre, Bolivia restaurará el neoliberalismo, que fracasó entre 1985 y 2005.

Frente a esas medidas pensadas en inglés, el siglo XXI trajo consigo un nuevo bloque de gobiernos nacionalistas, falsamente llamados «socialistas», que inmediatamente fueron calificados por los intelectuales del neoliberalismo y el imperio estadounidense como “populistas”. Muchos de estos nuevos gobiernos, en realidad, fueron incapaces de liberarse de varias medidas neoliberales que aún están vigentes.

En Bolivia, tres acontecimientos que ocurrieron paralelamente en abril del 2000 –la “guerra del agua” en Cochabamba; la rebelión indígena-campesino en Oruro y La Paz, y el levantamiento policial– marcaron a fuego el inicio de un nuevo proceso, que concluyó con el advenimiento del gobierno de Evo Morales, el 2006.

Ahora, un nuevo horizonte histórico mundial se está abriendo. Las luchas sociales nuevamente están a la orden del día. Donald Trump está aplicando una guerra comercial y militar sin precedentes. Y, lentamente, el mundo busca nuevas salidas a la profunda crisis del capital y su vetusto modelo liberal. El nacionalismo tampoco se ha convertido en una alternativa…

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