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Guillermo Lora nació en la ciudad de Uncía, provincia Rafael Bustillo del departamento de Potosí, entre 1920 y 1922; estudio derecho, redactó la Tesis socialista de Pulacayo en 1946, fue electo diputado del bloque minero por el departamento Potosí en 1947, asumió la dirección del POR en 1953, y en los años 70 fue miembro del Comando Político de la COB y de la Asamblea Popular.
Lora se jactaba de haber defendido una sola línea ideológica a lo largo de su carrera de activista, "lejos de las veleidades políticas propias de los carreristas desclasados", fiel a la revolución socialista para destruir la gran propiedad privada y avanzar hacia el comunismo.
El dirigente trotskista convocó a tomar el poder para instaurar un gobierno obrero en la Tesis de Pulacayo; como diputado del bloque minero parlamentario hizo campaña para reemplazar al ejército por milicias obreras; denunció el viraje del MNR hacia posiciones imperialistas después de la Revolución de 1952 y rompió con Michel Pablo, dirigente de la IV Internacional, porque proponía colaborar con el nacionalismo burgués.
"Era una osadía enfrentar al MNR, un partido de masas; otras agrupaciones de izquierda nunca se atrevieron a denunciar el contenido burgués del régimen. Fuimos los únicos en Bolivia que le dijimos al MNR cuando era poderoso que acabaría de rodillas ante los yanquis. Pero se reían los tipos, pensaban que era una locura de los jovenzuelos del POR, nos decían locos, que hablábamos disparates; nos veían con mucho desprecio", recordaba Lora.
Apresaron y enjuiciaron a Lora por calificar de imbécil a Víctor Paz Estenssoro y por burlarse del Ministro de Trabajo del primer gobierno de Hernán Siles Suazo (1956-1960), Anibal Aguilar.
Entre los años 64 y 68 polemizó con el foquismo, cuando el terrorismo individual había ganado posiciones en filas de la pequeña burguesía, particularmente estudiantiles y universitarias.
Lora preanunció la descomposición de la alianza UDP-PCB, y fue uno de los pocos dirigentes de izquierda que combatió a las "leyes malditas" de Gonzalo Sánchez de Lozada cuando el neoliberalismo era hegemónico.
"Somos irreverentes, a veces difundimos libelos conspiradores, atacamos a todos los gobiernos burgueses y de todos hablamos mal", afirmaba Lora. "Me encerraban 3 o 4 días y varias veces al mes. Conozco todas las policías políticas, me acuerdo de una ubicada al frente del antiguo Palacio de Justicia en la calle Potosí. Creo que la Policía quería destruirme cansándome. Pero ellos mismos debieron darse cuenta de que era un disparate enjuiciar a la gente por decir eso".
Lora fue reprimido, boicoteado y aislado tanto por fuerzas derechistas como izquierdistas debido a su radicalidad. La oligarquía lo desaforó, encarceló y expulsó del país. En una época se le acusó de ser agente del MNR; de tener tratos acuerdos con la Falange Socialista Boliviana y hasta de ser instrumento del imperialismo. A fines de los 80, se ganó el desprecio del periodista Carlos Mesa por oponerse a la "modernización" del Estado.
Lora mantuvo hasta su muerte una posición consecuente con la ortodoxia marxista, propugnando la dictadura proletaria como finalidad histórica de la clase obrera. Decía que quien no se rebela contra el orden establecido es algo menos que un animal pensante, "porque, aunque a veces le vacíen el cerebro, la rebelión es inherente al hombre".
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